viernes, 22 de noviembre de 2013

MADison MEN






En el capítulo cinco de la segunda temporada de Mad Men se trazan las líneas que van a marcar la esencia de la serie. Donald Draper, personaje principal, le sugiere a su flamante redactora, con un tono de solemne profundidad (que en casi ningún otro momento de la serie se ve): “qué vas a hacer, vos sabés bien qué hacer: tratá de olvidar todo y seguí adelante”. La redactora acababa de tener un bebé, enterándose de su embarazo uno o dos días antes de parir. El dilema que Donald le propone superar no es simple: ocultar al bebé y seguir con su nueva carrera.

En otro momento del mismo capítulo se muestra a un personaje pasajero dando otro consejo, que se vuelve pauta clave para entender la serie. Una mujer de negocios, representante de un actor cómico, le dice a la misma redactora, Peggy Olson, que si quiere cumplir su deseo de vivir de otra manera, simplemente empiece a vivir de esa manera.

Se podría caer fácilmente en el hipercorreccionismo moral de decir la obviedad de que uno no puede vivir ocultando, o para el segundo consejo que describí de la serie, que no se puede ser lo que no se es. Pero no se trata de esto en el desarrollo de Mad Men. Donald Draper, jefe del departamento creativo de la agencia publicitaria, vive en cada instante su realidad. Cada cigarrillo que enciende, cada whisky que se toma le recuerdan su pasado. Vive con esto y no se lo oculta a él mismo, lo sabe todo el tiempo, es más, hasta podría decirse que vive inmerso en su pasado, pero aún más notorio que ese gesto, es su voluntad continua de seguir adelante. Hay muchas cosas por las cuales seguir, deseos que cumplir o, si se quiere verlo desde el punto de vista social, hay un rol que cumplir, una familia que mantener, gustos que celebrar, dólares que ganar.

Donald oculta a los demás y conoce el precio de este ocultamiento. Lo paga segundo a segundo con el rictus de su cara, con sus evasiones, con su dedicación full-time al trabajo, con una sutil mueca en su boca, con una mirada levemente paranoica cuando alguien se acerca a su historia. Y de tanto en tanto, disfruta de lo que él verdaderamente desea, porque disfruta del contacto de sus hijos, del cariño de su esposa y de sus amantes. Va y viene, porque está buscando algo: cariño, amor, placer, dinero.

Donald Draper disfruta de su trabajo, sabe lo que hace, y sabe que lo hace bien. No se ningunea a sí mismo, reconoce la virtud de ser creativo, de saber lo que la gente quiere. Una vez un artista del underground le pregunta: “¿Cómo dormís sabiendo que le mentís a la gente?”; Donald contesta: “En una cama llena de dinero”. Sabe el rol que juega en la sociedad y en el consumo, pero no se pone moralista como el artista, no le molesta ocupar ese lugar, porque sabe que él es llamado ahí y que él acude, porque su lugar es importante, en tanto que ayuda a vender lo que las personas anhelan. Sabe del engaño del consumo, pero sabe también lo importante que eso es para la gente, en tanto que todas esas cosas banales ayudan “a ser feliz”, o “a seguir adelante”.

Peggy Olson es el personaje de puro presente de la serie. A ella la vemos pasar de secretaria a escritora, siendo mujer en la década de los sesenta. Es muy inteligente y como es mujer, sabe lo que las mujeres quieren –siendo eso es muy importante para la empresa-, o, en todo caso, no para de preguntarse qué es una mujer. Es muy astuta y perseverante, entonces no se queda tranquila hasta averiguar qué es una mujer en la sociedad actual, por qué la sociedad es machista, por qué las mujeres se abandonan en gustos triviales y no van por más, por qué tengo que casarme, por qué tengo que lucir linda frente a los hombres etc, etc.

Peggy es mujer en un medio hostil, pero no es cobarde y sabe lo que quiere. No se abandona al falso purismo de su familia, no se abandona a la mediocridad que el suburbio le plantea, ella quiere disfrutar, ganar su propio dinero, poder vivir sola en la ciudad, trabajar en Madison avenue.

El consejo de la manager hacia Peggy se complementa con el primer consejo que recibió, lo importante es la valentía de seguir adelante. Si uno desea algo, debe creerse eso que desea, moverse hacia otro estado. Siendo el deseo una cosa compleja en sí, más vale creérselo y disfrutar en el intento, porque al fin y al acabo empezando a ser lo que uno quiere ser, muy probablemente con el tiempo, termine siéndolo. Por supuesto que con habilidad y esfuerzo mediante, sino se puede caer en algo parecido a la locura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario