En el capítulo cinco de la segunda
temporada de Mad Men se trazan las líneas que van a marcar la
esencia de la serie. Donald Draper, personaje principal, le sugiere a su
flamante redactora, con un tono de solemne profundidad (que en casi ningún otro
momento de la serie se ve): “qué vas a hacer, vos sabés bien qué hacer: tratá
de olvidar todo y seguí adelante”. La redactora acababa de tener un bebé, enterándose de su embarazo uno o dos días antes de parir. El
dilema que Donald le propone superar no es simple: ocultar al bebé y seguir con
su nueva carrera.
En otro momento del mismo capítulo se muestra
a un personaje pasajero dando otro consejo, que se vuelve pauta clave para
entender la serie. Una mujer de negocios, representante de un actor cómico, le
dice a la misma redactora, Peggy Olson, que si quiere cumplir su deseo de vivir
de otra manera, simplemente empiece a vivir de esa manera.
Se podría caer fácilmente en el
hipercorreccionismo moral de decir la obviedad de que uno no puede vivir
ocultando, o para el segundo consejo que describí de la serie, que no se puede
ser lo que no se es. Pero no se trata de esto en el desarrollo de Mad
Men. Donald Draper, jefe del departamento creativo de la agencia
publicitaria, vive en cada instante su realidad. Cada cigarrillo que enciende,
cada whisky que se toma le recuerdan su pasado. Vive con esto y no se lo oculta
a él mismo, lo sabe todo el tiempo, es más, hasta podría decirse que vive
inmerso en su pasado, pero aún más notorio que ese gesto, es su voluntad
continua de seguir adelante. Hay muchas cosas por las cuales seguir, deseos que
cumplir o, si se quiere verlo desde el punto de vista social, hay un rol que
cumplir, una familia que mantener, gustos que celebrar, dólares que ganar.
Donald oculta a los demás y conoce el precio
de este ocultamiento. Lo paga segundo a segundo con el rictus de su cara, con
sus evasiones, con su dedicación full-time al trabajo, con una sutil mueca en
su boca, con una mirada levemente paranoica cuando alguien se acerca a su
historia. Y de tanto en tanto, disfruta de lo que él verdaderamente desea, porque
disfruta del contacto de sus hijos, del cariño de su esposa y de sus amantes.
Va y viene, porque está buscando algo: cariño, amor, placer, dinero.
Donald Draper disfruta de su trabajo, sabe lo
que hace, y sabe que lo hace bien. No se ningunea a sí mismo, reconoce la
virtud de ser creativo, de saber lo que la gente quiere. Una vez un artista del
underground le pregunta: “¿Cómo dormís sabiendo que le mentís a la gente?”;
Donald contesta: “En una cama llena de dinero”. Sabe el rol que juega en la
sociedad y en el consumo, pero no se pone moralista como el artista, no le
molesta ocupar ese lugar, porque sabe que él es llamado ahí y que él acude,
porque su lugar es importante, en tanto que ayuda a vender lo que las personas
anhelan. Sabe del engaño del consumo, pero sabe también lo importante que eso
es para la gente, en tanto que todas esas cosas banales ayudan “a ser feliz”, o
“a seguir adelante”.
Peggy Olson es el personaje de puro presente
de la serie. A ella la vemos pasar de secretaria a escritora, siendo mujer en
la década de los sesenta. Es muy inteligente y como es mujer, sabe lo que las
mujeres quieren –siendo eso es muy importante para la empresa-, o, en todo
caso, no para de preguntarse qué es una mujer. Es muy astuta y perseverante,
entonces no se queda tranquila hasta averiguar qué es una mujer en la
sociedad actual, por qué la sociedad es machista, por qué las mujeres se
abandonan en gustos triviales y no van por más, por qué tengo que casarme, por
qué tengo que lucir linda frente a los hombres etc, etc.
Peggy es mujer en un medio hostil, pero no es
cobarde y sabe lo que quiere. No se abandona al falso purismo de su familia, no
se abandona a la mediocridad que el suburbio le plantea, ella quiere disfrutar,
ganar su propio dinero, poder vivir sola en la ciudad, trabajar en Madison avenue.
El
consejo de la manager hacia Peggy se complementa con el primer consejo que
recibió, lo importante es la valentía de seguir adelante. Si uno desea algo,
debe creerse eso que desea, moverse hacia otro estado. Siendo el deseo una cosa
compleja en sí, más vale creérselo y disfrutar en el intento, porque al fin y
al acabo empezando a ser lo que uno quiere ser, muy probablemente con el
tiempo, termine siéndolo. Por supuesto que con habilidad y esfuerzo mediante,
sino se puede caer en algo parecido a la locura.
