viernes, 11 de septiembre de 2015

En la plaza oscura



En la novela “En la plaza Oscura” (“Above the Dark Circus”), Hugh Walpole mezcla de manera perfecta tres componentes diversos. Por un lado, la acción policial de un acontecimiento que dura una sola noche - un par de horas nada más- que invita a recorrer de manera maníaca el interior de un departamento de Picadilly Circus y además su exterior, con sus calles y luces de neón. Hace un frío inmenso en la Londres de los años siguientes a la primera guerra. Hay que festejar, hay que olvidar. Por el otro, nos invita a meternos en un drama amoroso  que transcurre, además del primer factor que nombré, inmerso en el último factor: personas todas con preocupaciones filosóficas. Entonces: novela policial, de amor, y de contemplaciones filosóficas. Ningún género se come al otro, en el marco de la acción minuto a minuto, que es brindada por el hecho policial.

“Picadilly Circus se movía ante mis ojos, y dentro de él, sobre él y alrededor de él, pasaban todas las cosas felices del mundo: hombres y mujeres junto al fuego, el ruido del carbón que se consumía bajo la lámpara, los bailarines girando mejilla contra mejilla al ritmo de la orquesta, los colores y esencias y el calor traídos para la felicidad de otra persona, la puerta que se abre al sonido de una voz amada, cerrándose sobre la intimidad de los murmullos, campanillas sonando, perros y gatos, juguetes y cintas de colores y trompetas de latón, la lenta comprensión de la verdad y fidelidad de una gran amistad, nacimiento y muerte compartidos por decisión y deseo, trabajo hecho ansiosamente para la gloria de otro, un coro de voces cantando, los tonos elevándose por sobre el zumbido del tránsito, y la marcha mesurada de los hombres que pasan; todo esto no sería mío nunca más, porque de hoy en adelante yo estaba marcado. Salí con la cabeza baja.”

Son verdaderos pedazos de poesía dentro de una obra de ubicada dentro del género policial. Además de la voz del protagonista, aparece una voz poderosísima, un romántico de esos tiempos, un virtuoso y un condenado al mismo tiempo, que explica con estas palabras el porqué de su vida a su esposa de la que va a separarse. El porqué de Juan Osmund, condensa el porqué de muchos:

“-Oye, Elena. Nunca he estado en buenos términos con esta vida. Nunca he visto las cosas correctamente. He estado, si quieres llamarle así, un poco ebrio. (Dice ella que volvió varias veces a esta analogía.) Ebrio de belleza por una parte. Desde que, cuando era un chico de seis años, me detuve con mi padre entre Penzance y Marazion y vi el Monte San Miguel en una bruma de bronce y el mar verde y púrpura rodeándolo. Si hay una cosa como ésta, pensé, todo debe ser así. Era al mismo tiempo realista y romántico, una posición difícil para cualquiera. Pero una cosa vi con claridad: que la vida es una lucha entre los que construyen y los que destruyen, los afirmantes y los negadores. No era sentimental con respecto a esto. Lo vi con gravedad mortal…”

Obra extraña, de colores singulares, que parece haber pasado demasiado desapercibida –no entiendo bien por qué- o por lo menos que parece haber quedado injustamente enclaustrada en el género policial del siglo XX, como tantas veces ocurre con géneros que se comen a obras.


Hugh Seymour Walpole nación en Nueva Zelanda en 1884, estudió y vivió en Inglaterra; fue muy popular en su tiempo y se le adjudicó el título de Sir en 1937. Fue un escritor que se explayó en varios géneros: el infantil, el ensayo literario, la biografía. Murió en 1941, mientras trabajaba como voluntario en la segunda guerra mundial.

No hay comentarios:

Publicar un comentario